martes, 19 de enero de 2010

Calles de fuego y humo

Este fin de semana lo hemos pasado en Calles, población serrana de la provincia de Valencia, con los Martínez, nuestros amigos africanos (obvio por el apellido, muy común en el continente negro). Además me ha servido para conocer mejor cómo se siente un salmón después de ser ahumado. Vamos, como que huele a humo hasta la cámara de fotos.


Las hogueras de San Antón. Una fiesta espectacular


El fin de semana empezó el sábado, como cualquier otro fin de semana. Pero este no fue un fin de semana cualquiera. Habíamos quedado con ellos que llegaríamos a almorzar, pero con esto del niño se nos hizo algo tarde. Al final acabamos almorzando en Chelva a las dos del mediodía, mientras el resto del bar estaba empezando a comer. ¡Qué bocatas!


Después del almuerzo un par de gintonics para hacer mejor la digestión, y preparar el estómago para las cervezas de después. Mi amigo perdió la cuenta. Dice que yo me bebía sus cervezas, pero no me acuerdo. ¿Será verdad? A mí no me va mucho el zumo de cebada, pero en fiestas....todo vale.


Este es el que peor lo pasó en fiestas. Acabó siendo sorteado

Después salimos a dar una vuelta por el pueblo y a ver de cerca los juegos que estaban haciendo en el río. Había un palo pringado con algo para que resbalase, y en lo alto había un jamón. Con lo cómodo que es que te lo corten a lonchas en la charcutería...También había mozos haciendo alarde de su fuerza tirando lo más lejos posible un puntero metálico. Seguro que más de uno mojó esa noche, campeón.


Es más fácil cogerlo en el supermercado


Dani y sus colegas dando marcha al personal


Una de las numerosas hogueras que se reparten por las esquinas

Luego terminamos dando una vuelta por el pueblo para ver las diferentes hogueras que se encendían en cada esquina. Un espectáculo digno de ver en un pueblo pequeño y acogedor. Luego nos acercamos a la plaza para ver el juego del gallo y la cuerda, también dignas de ver las torres humanas que se erigían para poder tocar a la gallinácea.


Otra vez rumbo a casa a merendar. Con la excusa de que los chiquillos tenían que merendar acabamos todos hincando el diente. Un poco de pan, un poco de aceite y algo de jamón y queso junto a esa chimenea, de vicio!!! Yo quiero tener una casa en un pueblo!!!

Después de la merienda dimos otra vuelta por el pueblo, pero la mente la teníamos ya en la hoguera y en la torrada que nos íbamos a meter entre pecho y espalda, así que nos fuimos a casa a encender los troncos en la puerta de casa. Poco a poco se iban bronceando jugosamente las longanizas, los chorizos, las morcillas, la panceta, la careta de cerdo....aaaaaagh, que aún se me hace la boca agua, aunque no tenga el estómago para muchos bailes. Y a esto hay que añadir que contamos en la pandilla con el campeón del mundo de allioli.


Todo el pueblo olía a leña quemada. Era una sensación agradable aunque el pestazo a humo aún lo tenemos en casa, pero era agradable por el ambiente que se creaba en la noche. Salimos a dar una vuelta al pueblo detrás de la charanga, que sería muy joven de espíritu, porque desde luego no lo era de carne.


Tras la charanga vuelta al corral, con más conversación de unos buenos amigos y más gintonics al cuerpo, que dicen que quema la grasa.


Foto nocturna desde nuestro cuartel general

Al día siguiente ya nos avisó Jose que no desayunaramos muy fuerte, ya que habíamos reservado para comer en La Seca, y no es que se caractericen por su comida ligera.


Después de unos entrantes muy ligeros nos sacaron una rodajita de jamón de york y un yogur desnatado. El caso es que con lo que comimos tengo reservas de hidratos de carbono hasta el año que viene. Ya ni recuerdo los platos que comimos de entrantes. Sólo me quedan imágenes a cámara lenta de ese pedazo de olla de San Antón que me acomodé entre el segundo y tercer estómago.


Todo esto y más en  http://www.elcollaodelaseca.com/

Después de la comida nos sacaron los postres, galletas, dulces, mistela....y unas sillas de ruedas para poder llegar a los coches.


Todo casero, con mucho mimo, y donde lo mejor es que te espere el chófer con la limusina si quieres llegar bien a casa después de este festín gastronómico. Que conste que no me dan comisión, pero las cosas como son se cuentan.


Por la tarde tenía el cumpleaños de mi suegra y me tuve que volver a casa para no ponerme más malo aún. Ya sólo de ver la comida que iban sacando se me revolvían las tripas. Si es que en el fondo no me tendría que haber comido ese segundo plato de olla de San Antón, pero no paraba de repetir mi nombre y me decía no sé qué de "cómeme toda"....


Seguiremos informando.

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